Leyendo “El Ministerio del tiempo”

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Con casi un año de retraso (pues el libro del que vamos a hablar hoy vio la luz en abril de 2016) por fin ha caído en mis manos El tiempo es el que es, la novela de Anaïs Schaaf y Javier Pascual inspirada en la más que exitosa serie de TVE El Ministerio del tiempo. Si bien en cierto modo no era el momento más adecuado para leerla –la novela fue pensada para ser leída entre los episodios 11 y 12 de la segunda temporada, esto es, entre Tiempo de lo oculto y Hasta que el tiempo nos separe-, sí que me ha ayudado, de manera personal, a sobrellevar mejor la espera hasta la tercera temporada, cuya fecha de estreno aún desconocemos.

Aunque ya haya hecho referencia a ello, se podría decir que “novela” no es el término más exacto que se pueda utilizar para hacer referencia a este libro. Lo que encontramos en él es más bien la novelización de tres episodios claramente diferenciados que podrían haber formado parte perfectamente de la serie pero que no llegaron a serlo por diversos motivos.

De hecho, el propio Javier Olivares –creador de la serie, junto a su hermano Pablo- explica en el prólogo el motivo por el que nunca llegaron a aparecer en pantalla: si bien el primero estaba protagonizado por un personaje histórico poco conocido (concretamente, Bernardo del Carpio), los otros dos exigían una puesta en escena cuyo presupuesto excedía con creces el que Televisión Española podía ofrecer. Y, mientras no haya una cadena que apueste por lo contrario (suena Netflix…), ese tipo de ideas quedarán más en el cajón de los deseos que en el de las realidades.

Pero vamos a hablar un poco de las tres historias, sin entrar en demasiado detalle, para animar a su lectura a todo aquel que aún no lo haya hecho. La primera de ellas, El conde del tiempo, parte del mensaje de socorro que el Ministerio recibe de un funcionario atrapado en el año 780. Lo que en un principio parece ser una misión de rescate más o menos sencilla pronto termina complicándose más de lo debido, como no podía ser de otra manera.

Como decíamos anteriormente, el hecho de que la principal figura histórica del episodio fuera Bernardo del Carpio, personaje poco conocido cuya historia parece pertenecer más al género de la literatura épica que a la realidad, hizo que en un estadio aún más o menos inicial del desarrollo de la serie se terminara concluyendo que su trama no era la más idónea para contribuir a la captación de nuevo público. Explica Olivares en su prólogo que buena parte de las ideas centrales de este capítulo fueron utilizadas posteriormente para Tiempo de pícaros, el episodio centrado en el Lazarillo de Tormes. Sin embargo, no será el único episodio que se beneficiará de él: el lector más atento descubrirá fácilmente muchas semejanzas entre El conde del tiempo y Tiempo de leyenda, el primer episodio de la segunda temporada de la serie, centrado en la figura del Cid Campeador, que juega magistralmente con la delgada línea que separa la historia de la leyenda.

cid

El segundo capítulo, Después del buen tiempo, la tempestad, nos cruza con un personaje bastante más conocido: Catalina de Erauso, “La Monja Alférez”, figura controvertida donde las haya que se dio a conocer a través de sus memorias, pero cuya imagen más ampliamente extendida es la que nos llega a través del autor británico Thomas de Quincey, que le imprimió ese matiz de personaje característicamente romántico que pronto pasaría a formar parte de la imaginería popular.

Sin embargo, el mayor logro de este capítulo radica en el tratamiento que se da al argumento, más cercano a una novela de Agatha Christie que a un episodio de la serie como tal –salvando las distancias-, con su propio misterio y su correspondiente investigación a través de la atenta observación de los detalles más insignificantes.

Finalmente, la última historia, Tiempo de espías, nos sitúa en un momento mucho más cercano a nosotros: la Segunda Guerra Mundial. Concretamente, el capítulo nos adentrará en los detalles más profundos de la “Operación Mincemeat”, una estrategia ideada por el gobierno británico con la intención de hacer creer a los alemanes que el bando aliado pretendía invadir los Balcanes y Cerdeña, ocultando así su auténtico objetivo: Sicilia.

Siendo en mi opinión el mejor capítulo de los tres, tanto por su trama como por su ritmo, sería todo un placer poder ver esta historia trasladada a la pantalla en el futuro de la serie.

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Uno de los grandes aciertos de El tiempo es el que es es el de utilizar en gran medida como hilo conductor a Lola Mendieta, personaje interpretado magistralmente por la genial Natalia Millán del que, sin embargo, no llegamos a ver en la serie tanto desarrollo como nos gustaría. Siendo un personaje complejo, lleno de luces y sombras, el tratamiento visto en pantalla se nos queda muy corto, y la novela viene, en cierto modo, a rendir cuentas ante ella.

Otra de sus virtudes proviene de su propio origen: sus autores, Anaïs Schaaf y Javier Pascual, conocen la serie a la perfección, habiendo trabajado en ella como guionistas y siendo piezas fundamentales de la misma (especialmente Schaaf, que también es productora y que ha trabajado durante mucho tiempo con los hermanos Olivares). De ahí que su lectura sea lo más parecida posible al visionado de un episodio: es vívido como tal, sin decaer nunca en el ritmo, y haciendo gala del mismo toque de humor que caracteriza a la serie.

A su vez, este rasgo también se convierte en su talón de Aquiles: si bien la novela es entretenida, pierde mucho si se valora desde el punto de vista de su calidad literaria. Su narración es sencilla y clara, pero a menudo peca de naíf, dejando en evidencia su falta de compromiso literario. Pretende contar historias, sin más, y sin apartarse nunca del medio en el que realmente se mueve: la televisión. El problema es que estamos viendo una serie sin contar con el soporte de la imagen. Y es ahí donde pierde muchísimo y se evidencian sus mayores carencias.

Al margen de ello, nos encontramos ante una lectura ligera que sin lugar a dudas será disfrutada por todos los seguidores de la serie, independientemente del momento en el que se lea en relación con la misma. A la espera de esa ansiada tercera temporada, quizás sea una buena manera de ir abriendo boca para su regreso. O quizás sea contraproducente, y ayude a echarla, si cabe, un poco más de menos. Que cada cual lo juzgue a su manera…

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