Arrival: la difícil comunicación con el que piensa diferente

amy
Tras la entrada dedicada a La La Land hace tan sólo unos días, y después de conocer los nombres de las cintas nominadas a los premios Oscar, continuamos haciendo un repaso al cine de actualidad en lo que –pretendemos- será nuestro particular visionado de las principales películas seleccionadas por la Academia. Entre ellas, por supuesto, echaremos un vistazo al mayor número posible de las elegidas para la categoría de Mejor Película y, si es posible, a alguna otra cinta destacada antes de la ceremonia celebrada el 26 de febrero. Hoy nos toca repasar una de las películas más sonadas de los últimos meses, que se convirtió también en inesperado tema de conversación cuando su actriz principal, Amy Adams, apareció en un primer momento en las listas de las nominaciones a mejor actriz para luego desaparecer igual de repentinamente. Vamos a ver qué nos ha ofrecido Arrival


La película, encuadrada dentro del género de ciencia ficción, parte de Story of Your Life, una novela corta escrita en 1998 por el autor estadounidense Ted Chiang. En su adaptación cinematográfica, el canadiense Denis Villeneuve apuesta por respetar la mayoría de las ideas presentadas en el relato, aunque dejando a un lado los aspectos más técnicos (principalmente en lo que se refiere a la lingüística y a la física), apostando más por el aspecto emotivo. Y quizás sea aquí donde encontremos su punto más débil, como veremos más adelante.

¿De qué trata la historia? Pues bien, la trama comienza a desarrollarse a partir de la aparición repentina de 12 naves alienígenas en sendos puntos del planeta Tierra, al más puro estilo V. Los lugares elegidos no parecen tener ningún punto en común entre sí, como si las naves se hubieran repartido al azar. Sin embargo, sí es cierto que muchas de ellas se sitúan sobre las que, a priori, son las principales potencias mundiales.

A pesar del temor inicial –muy mal representado, a mi parecer, en la película, que apenas muestra las reacciones de la población civil-, los recién llegados no parecen tener la intención de atacar, al menos, a priori. Pero, si no es ese su fin… ¿para qué han venido?

Es aquí donde entra en juego nuestra protagonista, Louise Banks (Amy Adams), traductora y experta lingüista a la que se le encarga la difícil misión de establecer la comunicación con los seres que viajan en la nave que ha aparecido sobre los Estados Unidos. Junto a ella también trabajará el físico Ian Donnelly (Jeremy Renner).

nave

En mi opinión, la parte que mejor funciona de la película corresponde al proceso que transcurre entre el momento en el que los protagonistas visitan la nave por primera vez –deben hacerlo en intervalos cortos, cada 18 horas- hasta que Louise consigue comprender la manera en la que funciona el lenguaje de los visitantes. Todas esas escenas, si bien cuentan con un ritmo pausado, están envueltas en un halo que consigue atrapar la atención del espectador en todo momento. Y, por supuesto, funcionan gracias a una sobresaliente Amy Adams que bien merecía la nominación que estuvo cerca de recibir. Y es que es ella la que carga toda la película sobre sus hombros, poco acompañada por un Forest Whitaker contenido y por un Jeremy Renner cuyo personaje no podía estar peor desarrollado.

Visualmente, está bastante bien conseguida. El diseño de la nave es interesante –especialmente por dentro, con su particular gravedad, más que por fuera, cuya forma se asemeja a un Chocapic, para entendernos-, y también lo son las criaturas que la dirigen, los heptápodos, de clara influencia Lovecraftiana.

Como decíamos, cada visita a la nave nos ofrece un gran momento, y nos da la oportunidad de ser testigos de la manera en la que Louise va consiguiendo establecer la comunicación con los heptápodos, primero en con un intento frustrado de comunicación oral, y luego con uno –mucho más productivo- de comunicación escrita. Cada progreso logra engancharnos más a la trama, tratando de averiguar qué pretenden realmente los visitantes, y qué pueden ofrecernos. Y llegado un momento, la verdad, ojalá no lo hubiéramos sabido nunca.

escritura
Decimos que el ritmo funciona, visualmente convence, la actriz principal realiza una interpretación memorable… y sin embargo, la película no termina de convencer. Vamos a ver por qué:

Para empezar, y perdón por la expresión, nos encontramos ante una americanada. Tenemos doce naves repartidas en todo el planeta, y la única persona capaz de hacer un progreso real resulta ser americana. No sólo eso: el único país que aboga por el pacifismo y por mantener la cabeza fría en lugar de pasar al ataque es Estados Unidos. Lo siento… pero no convence.

Obviando eso (a fin de cuentas, el que narra la historia es el que tiene el poder de decidir quién es el villano), la película es engañosa, y trata de jugar con las emociones para maquillar los agujeros de guion que realmente muestra. Sin entrar en demasiado detalle (tampoco pretendemos extendernos más de la cuenta aquí), veamos a grandes rasgos a qué me refiero:

En primer lugar, la parte lingüística de la historia se basa en la hipotesis de Sapir-Whorf, que, grosso modo, defiende que el lenguaje de un hablante monolingüe determina la manera en la que dicho hablante conceptualiza la realidad. Dicho de otra manera, que pensamos de una determinada manera porque nuestro lenguaje tiene una determinada estructura.

Sin embargo, esta hipótesis está desacreditada, y hoy en día se acepta más bien lo contrario: el lenguaje es un reflejo de la manera en la que piensan los hablantes, y no al revés. Así, por ejemplo, en finés hay 40 palabras para referirse a la nieve, mientras que en español el campo semántico es mucho más reducido. ¿Significa eso que no distinguiríamos los diferentes tipos si los viéramos? No; simplemente, la nieve en nuestra cultura no es tan importante como para que desarrollemos tantos términos.

Otro ejemplo interesante podría ser el de los Amondawa, una tribu amazónica que no posee términos para hablar del tiempo de manera abstracta (esto es, para distinguir entre pasado, presente y futuro), pero que, sin embargo, sí que distingue perfectamente el orden en el que se suceden los eventos. Simplemente, su cultura no precisa de palabras para ello.
Con esto vengo a decir que la principal idea de la película no se sostiene. De acuerdo, los heptápodos poseen una concepción circular del tiempo, y no lineal como la nuestra. Pero el hecho de que Louise aprenda su lenguaje no bastaría para que fuera capaz de adquirir de repente las facultades cerebrales necesarias para alcanzar esa misma concepción. De hecho, si lo hiciera, perdería las propias, con lo que dejaría de ver el tiempo como lo vemos nosotros.

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Pero lo más sangrante es… ¿para qué? Los heptápodos afirman que le han regalado a Louise el don de su lenguaje para alcanzar la paz entre los humanos, a cambio de que estos les ayuden en el futuro. Y lo más irónico es que esa paz sólo se ve amenazada cuando llegan las naves, con lo que, de no haber venido, no habría sido necesario que Louise interviniera para mediar.

El otro gran tema de la película (y con el que Arrival trata de enmascarar sus carencias) es el de la vida de la propia Louise. Así, desde el inicio, vamos viendo pequeños fragmentos de su vida personal, a través de los cuales aprendemos que tuvo una hija que murió muy joven y que su marido la abandonó antes de que la pequeña falleciera. Lo que en un principio parecen ser flashbacks de su pasado (porque la película los muestra a propósito de tal manera que consigue engañar al espectador), resultan ser visiones de un futuro en el que el marido no es otro que el propio Ian Donnelly. Un giro que podría resultar interesante y que, sin embargo, se trata con tan poco cuidado que, para cuando se produce la revelación, el espectador lleva tanto tiempo sabiéndolo que ya ha perdido todo el efecto. Y ahí quedan en evidencia sus grandes carencias.

Como diría Sabina, puedo ponerme digna, y decir que el verdadero corazón de la película es el dilema que nos plantea el determinismo, esto es, que no podríamos cambiar nuestro futuro pese a conocerlo. Pero esta misma teoría se contradice varias veces dentro de la propia película.

También, hilando fino, podría decir que el auténtico propósito de Arrival es servir de metáfora de la incapacidad humana a la hora de comunicarnos con aquellos que piensan diferente a nosotros, como he reflejado en el título. Pero, realmente, ni es un tema que se toque en la película ni creo que realmente se haya planteado.

Así que, finalmente, concluiré con lo que opino de verdad: que estamos ante una película muy entretenida, ideal para pasar un par de horas agradables, pero que no supera la prueba si, después de verla, intentamos reflexionar acerca de lo que ha pasado. Pretende ser más de lo que en realidad es, y ahí encuentra su talón de Aquiles. Más forma que contenido, aunque, sin embargo, esto le ha valido una nominación como Mejor Película para la Academia. Pero de la legitimidad de esos premios ya hablaremos otro día…

3 comments

  1. Es preciosa, el planteamiento es muy bonito y la intención muy buena. Pero no puedo estar más de acuerdo en todo. Hace aguas por todas partes. Es una de estas veces en las que compro porque quiero comprar y no porque me la hayan vendido. Y porque la protagonista es maravillosa y filóloga también, para qué engañarnos.

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    1. El hecho de que la protagonista sea filóloga ya era un punto a favor de partida, sin duda.

      Sí, es una película que se puede disfrutar mucho siempre y cuando pasemos por alto todas sus carencias y no intentemos cuestionar lo que nos han contado. Como bien dices, uno la compra porque quiere, pero siendo consciente de lo que es…

      ¡Muchas gracias por tu comentario!

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