Hidden Figures (Figuras ocultas): La insensatez de la segregación en cualquiera de sus formas

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El año pasado una de las principales críticas que recibieron los Oscars (si bien no por primera vez en su historia, y puede que tampoco por última) fue la manera en la que ningunearon a los afroamericanos (buena muestra de ello fue la sonada queja de Will Smith, que decidió no asistir a la pasada gala en forma de boicot a la celebración). Este año, probablemente en un intento por compensarlo, el número de representantes afroamericanos será mucho más elevado de cara a la próxima edición, llegando incluso a presentar hasta tres cintas nominadas a la categoría de Mejor Película protagonizadas por actores de color. Una de ellas es Hidden Figures, la historia verídica de las mujeres que trabajaron para la NASA en plena Guerra Fría, y cuya relevante aportación jamás recibió el reconocimiento que merecía.

Pensando en cómo escribir esta entrada se me vino a la cabeza la expresión que utilizamos en español para hablar de aquellos autores que escriben obras para cederlas a un nombre mucho más reconocido. Sí, me refiero a los comúnmente llamados “negros”, y a lo racista de esta expresión, pero, a la vez, lo ideal –irónicamente- que se presenta en esta situación (por suerte o por desgracia, la misma expresión en inglés pierde todo el sentido, al ser llamados “ghost writers”, “escritores fantasma”). Y es que, al fin y al cabo, nos estamos refiriendo a aquellos que hacen la mayor parte del trabajo –por no decir todo-, pero sin recibir ningún tipo de reconocimiento.

Si hay dos grandes males que han aquejado a la humanidad históricamente, probablemente estos sean el racismo y el machismo. Y ambos se unen en la historia narrada por esta película, que se centra en tres mujeres de color –Katherine Johnson, Dorothy Vaughan y Mary Jackson- como cabezas visibles de un numeroso equipo de científicas y matemáticas que, a finales de los 50 y principios de los 60, cambiaron para siempre la historia de la investigación espacial. Y, para vergüenza del ser humano, su labor quedó poco menos que oculta.

Como decíamos al inicio, este tipo de película se presenta como una candidata ideal en una edición de los Oscars que promete ser, si cabe, más reivindicativa que las anteriores, aprovechando las circunstancias políticas que imperan actualmente en Estados Unidos. Y lo cierto es que no deja de estar de más: la veracidad de la historia que presenta Hidden Figures debería recordarnos lo injusto –y arbitrario- de los motivos que inventamos los humanos para degradar y relegar al ostracismo a personas cuya capacidad probablemente nos supere en muchos aspectos. Quizás sea por miedo; quizás por ignorancia… lo cierto es que este tipo de historias no deberían caer en el olvido, y nunca está de más que nos lo recuerden.

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Atendiendo a la película per se, lo cierto es que su guion, siendo correcto pero no sobresaliente, se mantiene en pie gracias a unas interpretaciones más que notables. El trío de protagonistas, Taraji P. Henson (que interpreta a Katherine Johnson), Octavia Spencer (a Dorothy Vaughan) y Janelle Monáe (Mary Jackson), funciona a la perfección, y cada una de ellas desarrolla a un personaje con unas particularidades distintas, que les definen de manera separada pese a estar defendiendo una idea común. Y es que, en la vida real, cada una de ellas fue capaz de triunfar en su propio ámbito, sin tener que depender del resto. Y, por desgracia, las tres también compartieron la desdicha de ser relegadas al olvido con la misma facilidad.

En el otro lado de la moneda se nos presenta a un par de personajes de piel blanca, interpretados por Jim Parsons y Kirsten Dunst, a los que les toca bailar con la más fea, y que encarnan la mentalidad imperante en la época pero que, sin embargo, desde una perspectiva moderna se aprecia como poco menos que repugnante. Pero, claro está, no nos podemos olvidar de que un alto porcentaje de los votantes en los Oscar (y del público que va al cine) es de raza blanca. Por eso, y probablemente para lograr su tranquilidad, se modela el personaje de Al Harrison (Kevin Costner), uno de los pocos “blancos buenos” de la cinta cuya única función parece ser la de hacer sentir cómodo consigo mismo al espectador caucásico.

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Y es que, siendo una historia muy bien narrada, y a pesar del espíritu crítico que parece encerrar, lo cierto es que Hidden Figures no deja de ser una película muy amable, agradable de ver, y hecha para el disfrute del gran público. Es cierto que esboza ideas muy interesantes y valientes (tanto como sus protagonistas reales), pero lo cierto es que he echado de menos en ella algo más de valor para decir con sinceridad muchas cosas que, sin lugar a dudas, quedaron en la primera versión del guion, antes de que este producto llegara a azucararse y a ajustarse a lo políticamente (o, en otras palabras, oscarizablemente) correcto.

El resultado final, en cualquier caso, nos deja una película muy fácilmente disfrutable, quizás no demasiado transcendente en su forma, pero desde luego, sí muy necesaria desde la perspectiva de sus contenido. La historia de la humanidad tiene muchísimos episodios que no deberíamos dejar caer en el olvido, y películas como esta llevan a cabo una labor impagable al recordárnoslo. Sobre todo, teniendo en cuenta lo que (parece ser) está por venir…

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