Moonlight: La fórmula -artificial- del éxito para los Oscars

main
A pesar de que son nueve las nominadas a la categoría de Mejor Película en los Oscars de este año, la opinión general parece tener bastante claro que en realidad todo se reduce a un enfrentamiento entre dos: La La Land y Moonlight. Dos tipos de cine diametralmente diferentes, que ofrecen dos miradas distintas a mundos contrapuestos; el cine de ensoñación por un lado, y el de la más cruda realidad por el otro. Hace unas semanas ya hablamos de la primera, que por el momento parece ser la gran favorita –atendiendo al número de nominaciones-. Hoy ha llegado el momento de comentar la que parece ser la opción preferida de aquellos que reniegan del musical de Damien Chazelle: el drama de Barry Jenkins.

Al hablar de Hidden Figures comentábamos cómo este año la Academia ha intentado ser cuidadosa a la hora de elegir sus películas, tratando de no volver a cometer el fallo de caer en el etnocentrismo caucásico que de manera generalizada suele afectar a estos premios. Que los Oscars son conservadores es algo que resulta innegable. Y este esfuerzo por compensar errores pasados, pese a ser loable, no deja de parecernos algo impostado, nacido más de la obligación impuesta por la presión externa que de motivos intrínsecos. Pero antes de hablar con más detalle de esto, quizás convenga comentar un poco qué hemos encontrado en Moonlight:

La película, basada en el texto In Moonlight Black Boys Look Blue, de Tarell Alvin McCraney, nos presenta diferentes momentos de la vida de su protagonista, Chiron, y de las duras circunstancias que le rodean y le modelan hasta llegar a convertirse en un adulto. De este modo, la cinta se estructura en tres partes, que reciben los títulos de Little, Chiron y Black, y que de manera aproximada se corresponden con momentos relevantes de la infancia, adolescencia y edad adulta del personaje principal.

01
Desde el primer momento seremos plenamente conscientes de que las circunstancias que rodean la vida de Chiron resultan cualquier cosa excepto favorables: él, un chico de color que vive en un barrio marginal en el que la droga parece ser el único motor de la economía local, tiene que tratar de sobrevivir en un hogar monoparental con una madre drogadicta y agresiva (Naomie Harris), y siendo maltratado por los demás chicos de su barrio a causa, principalmente, de su homosexualidad.

La única tabla de salvación para Chiron parece provenir de Juan (Mahershala Ali), el principal distribuidor de droga de la zona, y su novia, Teresa (Janelle Monáe), una pareja un tanto atípica que, sin embargo, se preocupa por él y siempre tiene su puerta abierta para el chico cuando más lo necesita.

Esta primera parte de la película resulta esencial para conocer el carácter de Chiron, un chico tímido y algo asustadizo, muy inseguro, y que no parece encajar en un contexto que poco (o nada) puede hacer por cambiar. Lo interesante es que, en las etapas posteriores, iremos siendo testigos de cómo determinados episodios ayudan a forjar una personalidad muy diferente, de manera que la versión adulta de Chiron que vemos en el último tercio (la del hombre fuerte, temido, convertido en un exconvicto traficante de drogas), apenas muestra similitudes con la que vimos al principio. O eso es lo que trata de aparentar…

Llegados a este punto creo que lo más correcto sería no desvelar más aspectos de la trama, de manera que siempre queden elementos para el descubrimiento a servicio de todo aquel que aún no haya visto esta película. Sin embargo, sí me parece interesante ahondar un poco más en lo que, a mi parecer, es el auténtico motor de la película: la pugna entre el poder de las circunstancias y de la voluntad individual para ir en su contra.

Así, la gran pregunta que parece plantearnos esta cinta es la de si, pese a intentarlo de todas las maneras posibles, nuestro contexto es tan relevante para nosotros que, a pesar de tratar de evitarlo, terminamos convirtiéndonos en aquello de lo que renegábamos pero que, a la vez, nos parecía natural. En otras palabras, Moonlight recupera el concepto que tantas veces se ha tratado en el cine y la literatura (Historia de una escalera, de Buero Vallejo, quizás sea uno de mis ejemplos favoritos de ello, por realista y por crudo) de que nuestro destino está escrito y estamos irreversiblemente abocados a él –cometiendo una y otra vez los mismo errores- pese a que tratemos de evitarlo. El contexto, pues, se convierte en la mejor herramienta de un determinismo del que no parece existir escapatoria. Y, aun así, a pesar de todo, Moonlight todavía nos ofrece un pequeño rayo de esperanza para poder ser lo que queramos, aunque sea en la intimidad de la soledad…

02
Desde este punto de vista, pues, estoy satisfecha con el resultado. El tratamiento de esta temática, junto al uso del color y de la fotografía, componen los aspectos que más me han gustado de esta película. Y, sin embargo, hay algo que no me termina de encajar…

Volviendo al tema que mencionábamos al principio, los Oscars no dejan de ser los principales defensores de una serie de tradiciones que están más que arraigadas. Y una de ellas es el aire paternalista que suelen adoptar estos premios con respecto a las historias de personajes desdichados. En otras palabras –y de manera, quizás, demasiado simplista-; a los Oscars les encanta premiar películas en las que el personaje principal sea un desgraciado. Por suerte o por desgracia, es una fórmula que funciona, y los cineastas son conscientes de ello.

Siguiendo este patrón, el protagonista de Moonlight tiene todo lo que necesita para encajar dentro de este perfil: es negro, de un área muy deprimida, rodeado por las drogas, homosexual, y víctima de un drama familiar. Eso sí, con un tratamiento suavizado, de manera que el votante no se sienta demasiado incómodo. Imagino que haberle añadido al personaje principal una enfermedad terminal o cualquier tipo de minusvalía ya habría resultado demasiado descarado, pero realmente da la impresión de que la concepción de esta película nace de la suma de todos los factores que, sobre el papel, podrían asegurar un triunfo en la ceremonia de las estatuillas.

Es cierto que todos los años encontramos películas de este tipo: aquellas que siguen patrones que, de manera regular, se repiten en las cintas más premiadas. En otras palabras, películas descaradamente preparadas para este tipo de premios. Y no estoy afirmando que Moonlight lo sea (puede que sea fruto de la casualidad), pero da la impresión de que sí cumple ciertos requisitos con una sorprendente facilidad. Y precisamente es esta fórmula prediseñada lo que, desde mi punto de vista, resta naturalidad a una película que, de haberse centrado en ello, podría haber sido mucho mejor. En cualquier caso, el próximo domingo veremos si la fórmula ha dado resultado…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s