T2 Trainspotting: Elige la nostalgia

main
Corría el año 1996 cuando Danny Boyle presentó una película que rápidamente se convertiría en una cinta de culto. Basada en la novela homónima que Irvine Welsh había publicado tan solo tres años antes, Trainspotting marcó un antes y un después. Era una obra compleja, que tocaba aspectos tan relevantes como la identidad escocesa en la era actual, la adicción a las drogas –vista en su mayor parte como una consecuencia de la alienación que muchos jóvenes sufrían en los 80- o la pérdida de la individualidad causada por la globalización. Una obra que en su intraducible versión literaria reflejaba por primera vez el acento escocés como un signo de identidad del que sentirse orgulloso, y que en su versión cinematográfica, además de suponer el empujón definitivo en las carreras de Boyle y de Ewan McGregor, nos dejó escenas icónicas que ya forman parte de la historia del cine. Ahora, veinte años después de aquello, T2 Trainspotting nos ha regalado la posibilidad de conocer qué ha sido de aquellos personajes en estas dos décadas. Y lo que nos ha enseñado ha cumplido nuestras expectativas. 

Supongo que lo más honesto en este caso es comenzar diciendo que para mí resulta imposible ser objetiva con Trainspotting. Aparte de ser una de mis películas favoritas, protagonizada por uno de mis actores preferidos (Ewan McGregor siempre será mi debilidad), la novela –una de las más difíciles que he leído en inglés, por ese lenguaje que transcribe el acento escocés, y por el vocabulario que usa- supuso un reto personal del que salí no sólo airosa, sino también enamorada de unos personajes que sobre el papel resultan repugnantes pero con los que es inevitable encariñarse. Trainspotting es una obra polémica –de hecho, ha sido muy criticada por la manera en la que trata el tema de las drogas, para muchos, demasiado permisivamente-, y sé que para algunos su visionado es imposible de soportar debido a lo explícito de algunas escenas. Y, a pesar de ello, me parece una cinta esencial: la recomendaría a todo el mundo, pero, si me preguntaran, negaría haberlo hecho.

Centrándonos en la película que nos ocupa hoy, es necesario mencionar que T2 Trainspotting está basada en Porno, la secuela de la novela publicada por Welsh en 2002, y de la que, sin embargo, se aleja bastante en esta adaptación. Esto se observa desde el simple título, que opta por mantener aquel que le dio la fama en lugar del agresivo título de la secuela literaria (como curiosidad diré que el término “Trainspotting” hace referencia a un eufemismo que se usaba para referirse al tráfico de drogas que se daba en lugares apartados de las ciudades como las estaciones de tren, a donde la gente se acercaba con la excusa de ir a ver pasar los trenes, “train spotting” en inglés).

01
La película arranca con el amago de infarto que sufre Renton (Ewan McGregor) y que le obliga a regresar a su Edimburgo natal veinte años después de que se marchara de allí tras haber traicionado a sus mejores amigos, quedándose con todo el dinero que obtuvieron tras un golpe (sí, estamos hablando de la trama de la primera película). Trainspotting acababa con un mensaje muy esperanzador: a pesar de todas las circunstancias, era posible tomar las riendas de tu vida y salir del pozo más oscuro. Ese “Choose Life” (“Elige la vida”) que se convirtió en un lema de vida para el personaje de Renton. Por eso quizás esperábamos ver a su personaje como alguien que había logrado sus objetivos en la vida. Puede que no como un triunfador, pero sí como alguien “normal”.

Y, de hecho, en un principio, esa es la impresión que nos da. Pero el regreso a casa nos va a servir para descubrir la realidad: que, a pesar de todos sus intentos, las cosas apenas si han cambiado para Renton. Sí, consiguió desengancharse de las drogas y cambió unas adicciones por otras (correr, según nos cuenta). Pero, en el fondo, se sigue sintiendo tan perdedor como lo era dos décadas atrás.

Gracias a la manera en la que está tratada la película, el espectador realiza su regreso a Edimburgo a la vez que Renton, haciendo que pueda compartir su nostalgia. No sólo el reencuentro con sus viejos amigos nos ayuda a evocar el pasado, sino que revisitamos escenarios conocidos, algunos exactamente iguales, y otros modificados por un tiempo que ha avanzado inexorablemente pero que, aparentemente, ha dejado estancados a los personajes prácticamente como los conocíamos.

No en vano, T2 Trainspotting es un viaje a la nostalgia. No está hecha para captar nuevo público –y eso se agradece-, sino que está dedicada por completo a aquellos que conocimos a estos personajes hace años, y que nos reencontramos con ellos como si fueran nuestros antiguos conocidos, con cariño, pero también con un poco de tristeza, sabiendo que estamos observando un tiempo pasado que, por suerte o por desgracia, no puede regresar. Como el propio Renton dice en un momento de la cinta, sólo eres un turista en tu propia juventud”.

02
La trama, pues, no nos despierta especial interés, ni creo que esa fuera su intención. Lo verdaderamente interesante era ver dónde estaban esos personajes. Ver hasta dónde habían llegado la codicia y la chulería de Sick Boy (Johnny Lee Miller), la inocencia de Spud (Ewen Bremner) o la psicopatía de Begbie (Robert Carlyle). Y en ese aspecto creo que no ha decepcionado, especialmente en lo que concierne a Spud, el personaje con el que el guion parece ser más benévolo, dotándolo de una complejidad que supera la de la primera película.

Pero también ha habido ocasión para recordar a personajes más secundarios, como Diane o Tommy (al que se le rinde un emotivo homenaje), o incluso para algún cameo de altura, como el del propio autor, Irvine Welsh, que vuelve a interpretar a Mikey Forrester, mostrando que algunos personajes, a su manera, sí que tienen más suerte.

Como decíamos, la nostalgia se convierte en un factor esencial de esta cinta. Así, no tiene ningún pudor a la hora de incluir en su montaje planos de la primera película, tomados tal cual, y fácilmente identificables para los amantes de la original. Del mismo modo, Boyle apuesta por volver a jugar con el tratamiento del color y con unos planos que en su momento rompieron moldes, y que ahora, veinte años después, no sorprenden, pero sí muestran las características de una identidad propia. De hecho, escenas como la de la discoteca, con Radio Gaga de Queen sonando de fondo, poco tienen que envidiar a algunas del 96.

Eso sí: si hay un aspecto en el que esta secuela se queda a años luz por detrás de la primera película, este es, sin duda, su banda sonora. Si dos décadas atrás Trainspotting optó por una recopilación de pistas que marcaron época, ahora, aparte de la mencionada Radio Gaga, los mejores momentos musicales se quedan en esos amagos por mostrar el inicio de Lust for Life de Iggy Pop, y que, en lo que a mí me parece todo un acierto, nunca llegan a concretarse, sino que se tornan en una revisión de The Prodigy (aunque no me habría molestado volver a escucharlo en los créditos finales).

03

En cualquier caso, como decíamos, el mejor valor de esta cinta radica en su mirada al pasado, que probablemente encuentre su punto culmen en la revisión actualizada que hace Renton de su “Choose Life”. Una y otra vez volvemos al tema de la amistad, a la traición, y a la posibilidad de escapar de nuestras circunstancias. Porque, si hay algo que realmente nos enseña esta película es que la nostalgia es válida siempre y cuando no nos anclemos en ella, sino que nos sirva para ayudarnos a seguir adelante. Y, de paso, como despedida, regala un guiño maravilloso: el de Spud como autor de Trainspotting (el libro), cerrando un círculo que se nos hace perfecto.

Dicen que las segundas partes nunca fueron buenas… y quizás sea verdad. Es cierto que T2 Trainspotting no está a la altura de la primera. Pero igualmente cierto es que, a pesar de todo, esta película era consciente de lo que se esperaba de ella y de hasta dónde quería llegar. Y ahí ha cumplido a la perfección. Durante casi un par de horas he vuelto a Edimburgo, al de los 80, y he vuelto a correr por sus calles como si nada más me importara. Y, mientras ha durado, he sido muy feliz. Lo suficiente como para saber que merece la pena seguir adelante.

¿Podría decir que recomiendo esta película? Responderé lo mismo que respondo cuando me preguntan por la primera: absolutamente sí. Pero no digáis a nadie que he sido yo quien os la ha recomendado…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s