Feud: El arte de la rivalidad

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Por fin, tras meses de expectación, hemos podido dar la bienvenida a una de las series más esperadas del año: Feud. La última idea de Ryan Murphy continúa en una línea a la que su creador parece estar cogiendo el gusto: la de las series de antología, esto es, series que presentan argumentos diferentes en cada temporada, aunque con un tema en común. Si Murphy ya experimentó con esta –en mi opinión, acertada- fórmula en American Horror Story (probando con el terror) y American Crime Story (sobre crímenes reales), ahora vuelve a la carga con la que quizás sea la idea más atractiva hasta el momento: como su propio nombre indica, Feud (en inglés “contienda” o “enemistad”) viajará al corazón de algunas de las rivalidades más sonadas de la historia. Y, para empezar, esta primera temporada ha elegido uno de los subtítulos más atractivos que podíamos imaginar: “Bette and Joan”, centrada en la complicada relación entre Bette Davis y Joan Crawford, las divas del cine clásico que protagonizaron una de las rivalidades más conocidas de Hollywood.

En realidad, son muchos los factores que prometen buenos augurios para Feud: por un lado, está ese interés malsano, pero interés al fin y al cabo, que nos producen el “cotilleo” y la curiosidad por llegar hasta el fondo de este tipo de asuntos. Por otro, su formato por entregas de ocho episodios, que ayuda a saber que estamos ante historias con principio y final, y que no extenderán sus tramas hasta desdibujarse según el interés de las cadenas. Pero, si hay algo que para mí resulta atractivo de esta primera temporada, es sin duda, el dúo protagonista, con Jessica Lange y Susan Sarandon como Joan Crawford y Bette Davis respectivamente.

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De sobra conocida por todos es la predilección que Murphy siente hacia Lange. La que ha sido su musa durante los últimos años (como bien han sabido demostrar en American Horror Story) encuentra en Feud otro papel pensado para su lucimiento. Y, por lo que hemos podido ver en este episodio, ¡cómo lo aprovecha! Lange interpreta sintiéndose la diva que es, y refleja perfectamente la personalidad que, por lo que sabemos, tenía Crawford. Esa soberbia mal escondida del que se sabe superior, pero a la vez esa tristeza melancólica de saber que los mejores momentos ya pasaron, y que la decadencia es inevitable.

Lo mejor de todo es que Susan Sarandon no se queda, ni mucho menos, atrás a la hora de ponerse al nivel de su compañera de reparto. Las dos se combinan a la perfección, y este primer episodio realmente nos ha regalado sus mejores momentos cuando las dos actrices se han hallado frente a frente.

Lo cierto es que Feud se centra en un momento bastante concreto: el rodaje de la cinta de terror “¿Qué fue de Baby Jane?” (“What Ever Happened to Baby Jane?”), la que se considera la mejor obra del director Robert Aldrich, y la única película en la que las dos divas trabajaron juntas. A decir verdad, no deja de ser curioso cómo la propia película reflejaba la situación en la que se encontraban las dos mujeres: como actrices cuya etapa de triunfo ya quedó atrás, pero que en cierto modo se niegan a aceptarlo. Y Feud, a su vez, se convierte en un gran ejemplo de metaficción al tratar estas historias paralelas, que se engarzan unas dentro de otras como matrioskas. La historia de dos mujeres que se odiaban pero que, en el fondo, tenían más similitudes de las que querían reconocer…

Por otra parte, hay que señalar también la estupenda caracterización de las actrices, cuyo aspecto está más que logrado si lo comparamos con las imágenes reales del rodaje de “Baby Jane”.

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Pero no sólo de Lange y Sarandon vive Feud. También cuenta con secundarios de nivel como Alfred Molina, Stanley Tucci o Mark Valley, además de la aparición de estrellas invitadas de la categoría de Catherine Zeta-Jones o Kathy Bates.

El aspecto visual es otro de sus puntos fuertes: usando ese estilo característico de Ryan Murphy, tan colorido y con planos amplios, el director continúa jugando con la originalidad de sus perspectivas y con ese uso tan milimetrado de la imagen, que hace que cada plano esté perfectamente encuadrado y cada fotograma pueda ser una buena fotografía. No cabe duda de que todos los detalles han sido cuidados, y eso se aprecia desde el primer momento, con una cabecera que ya hace referencia a otros grandes hitos del cine gracias tanto a su diseño visual como a su banda sonora.

En definitiva, Feud prometía mucho y, por ahora (con sólo un episodio visto), parece que va cumpliendo. Esperemos que –como ocurre a veces con las series de Ryan Murphy- no se desinfle antes de tiempo. Pero está claro que, mientras mantenga el nivel, seguiremos disfrutando de estas rivalidades.

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