Cuando dejaron de ser Girls… para convertirse en nosotros

main
Voy a hacer la que probablemente sea la peor presentación de un post que hayáis visto jamás: escribo este artículo tarde, y mal. Tarde porque, como ya habréis podido adivinar por el título, voy a hablar de Girls, una serie que acabó hace ya más de un mes. Y mal porque, más que hablar de la serie en sí, voy a defenderla hablando de mí. Yo, que no puedo alejarme más de lo que se supone una autoridad. Yo, que ni siquiera soy capaz de escribir de una serie en su justo momento (algo a lo que me autocomprometí al iniciar este blog y que hasta ahora no he logrado cumplir). Y, sin embargo, pese a todo, ahí voy:

Antes de empezar, os voy a contar una anécdota (otro aviso: este post también va a ser MUY autorreferencial, por si no os había quitado ya las ganas de leerlo). Como ya comenté en otra entrada de este blog, el pasado 29 de abril tuve la oportunidad de participar en las jornadas televisivas de CrossoverTV. Allí, en uno de los paneles que se celebraron, me tocó defender a Girls como la serie de la década. Una perita en dulce, como se suele decir.

Por supuesto, son muchos los argumentos que podría haber enarbolado para hacerlo: la brillantez de sus guiones, lo atrevido de sus ideas, la valiosa defensa del feminismo que hace en ella Lena Dunham… Ideas, en fin, que definen a la perfección lo valiosa que es esta serie. Y, sin embargo, sólo se me ocurrió decir una cosa: que Girls describía mi vida como ninguna otra serie lo había hecho.

De acuerdo, no fue mi momento más inspirado. Pero, a pesar de lo poco acertado de esa intervención, la ocurrencia sí que sirvió como base para poder llegar a hablar de lo maravilloso que resulta el hecho de que, al margen de las circunstancias personales de cada uno, todo el que ronde los 30 en la actualidad sabe que Girls le está contando su vida. En palabras de Alberto Rey, que una chica que se ha criado en una gran ciudad y otra que lo haya hecho en un pueblo perdido de Albacete –con todos mis respetos- puedan encontrar ese nexo en común es algo que probablemente sólo haya conseguido esta serie. O, al menos, en ese nivel.

01
Hace cuatro años ya –me ha dado miedo sólo comprobarlo- escribí mi primer artículo sobre Girls (aquí la prueba de ello). Y tengo que confesar que me ha recorrido un escalofrío por el cuerpo al ver cómo he cambiado desde entonces y, a la vez, cómo sigo siendo la misma en muchos aspectos.

Girls llegó a nuestras pantallas con el sambenito de ser etiquetada como “la voz de una generación” incluso antes de llegar a emitirse. Y, aunque ahora que ha finalizado sigo sin saber hasta qué punto eso era cierto, sí que puedo afirmar que, al menos en mi caso, Lena Dunham ha dado en el clavo a la hora de plasmar lo que he sido y lo que soy.

Si a estas alturas aún hay alguien perdido en la sala, creo que, por ahora, sólo le basta saber que Girls partió de la idea de contarnos las vidas de cuatro chicas que intentan encontrar su lugar en el mundo en unas circunstancias que, todavía hoy, nadie ha logrado comprender: la actualidad.

Imagino que, como siempre ha ocurrido, sólo seremos capaces de analizar nuestro presente con la perspectiva que nos ofrezca el paso del tiempo. Y entonces se encontrarán los términos adecuados –o así lo creeremos- para describirnos a nosotros. Y, con “nosotros”, me refiero a mi generación. A este grupo de gente que se suele llamar la “Generación Y” (no me identifico como milennial). Una “Y” que nos define perfectamente (en inglés, la pronunciación de esta letra coincide con “Why?”, esto es “¿Por qué?”): una generación sin rumbo.

Supongo que cada generación se considera especial. Y, por una serie de motivos, yo misma creo que la mía lo es: cuando llegué a la adolescencia tenía muy claro cuál era mi papel y cuál era el de un adulto. Sabía que –de manera aproximada-, uno se hacía adulto cuando terminaba de estudiar, encontraba un trabajo y formaba una familia. Fin. Ciclo cumplido. O, al menos, así funcionaba en mi cabeza.

Pero, una vez me tocó vivirlo, descubrí que las cosas distaban mucho de lo que siempre había dado por hecho. Supongo que en parte fueron las circunstancias económicas. O, quizás, la llegada de las nuevas tecnologías, que no nos hicieron nativos digitales pero sí nos alcanzaron con una edad lo suficientemente tierna como para poder adaptarnos, en gran medida, a ellas. El caso es que, cuando nos llegó el momento en el que, según el manual, nos tocaba ser “adultos”, el plan de vida no funcionaba según lo trazado.

Ni trabajo, ni independencia, ni nada. Acabar unos estudios sólo significaba continuar con otros que completabas mientras buscabas algún trabajo que te hiciera sentir independiente, sabiendo que en el fondo seguías dependiendo de tus padres tanto como antes. Se nos negó el hacernos adultos, y nos aferramos a una adolescencia que tratamos de alargar hasta el infinito. Como los protagonistas de aquellas series con las que nos torturaban algunas cadenas privadas, en las que los alumnos del “insti” se tintaban las canas por las mañanas. Igual de ridículos.

02
Nos quemaba en el cuerpo seguir siendo tan inmaduros como antes, pero la vida cada vez atrasaba más la oportunidad de ponernos a prueba solos, sin red de seguridad. Y, ¿por qué no decirlo?, mientras tanto intentamos pasarlo lo mejor posible.

Supongo que por estos motivos, desde fuera siempre se nos ha visto como unos inmaduros; gente con una edad suficiente como para tomar el timón de su vida pero que vive más cómoda no haciéndolo. Por supuesto, nuestra perspectiva era muy diferente: tratábamos de encontrar el rumbo, claro está. Pero la coyuntura nunca nos lo permitió hasta mucho más tarde de lo que esperábamos. Y, para cuando llegó el momento de incorporarnos a la edad adulta, ya nos habíamos acostumbrado a esto.

Lena Dunham, inteligente como pocas, supo captar a la perfección este sentimiento, y creó Girls en el momento perfecto: como testigo en primera persona de una sensación de caos que nadie podría haber descrito jamás de no haberla vivido. Y dio en el clavo.

A lo largo de sus seis temporadas, Girls nos ha ido contando cómo ha sido la transición de esta generación de lo que se suponían los últimos pasos de la adolescencia hasta una edad adulta incipiente que, eso sí, ha venido acompañada de una madurez que no siempre se nos ha permitido demostrar.

Quizá el término más correcto para describir a esta serie sea el de Bildungsroman (voy a ponerme pedante, ¿por qué no?), lo que en teoría de la literatura se utiliza para describir a las novelas que cuentan el paso de la infancia a la edad adulta de un personaje. Su etapa de maduración y aprendizaje. Algo que James Joyce llevaba a su culmen al acabar la etapa universitaria y que, en esta serie, se alcanza al cumplir los 30. ¿Puede haber un mejor reflejo de lo que han cambiado las circunstancias en unas décadas?

En “Latching”, el maravilloso episodio-epílogo que cierra la serie, Hannah Horvath encuentra su madurez en la aceptación de la maternidad. Otros lo harán en su trabajo. Quizás en una estabilidad emocional. Es más, puede que muchos no hayan alcanzado aún nada de eso. Pero, llegado un punto, por fin hemos aprendido a aceptarnos como somos. Y, aunque probablemente haya un matiz adolescente que no nos abandone nunca, creo que ya estamos preparados para sentirnos adultos con todas las letras. Y así lo ha visto Lenna Dunham, que ha sabido en qué momento exacto poner punto y final a su maravillosa serie. Quizás sí, después de todo, se haya ganado la dichosa etiqueta de “la voz de una generación”. Merecidamente.

En otro orden de cosas, yo tenía la intención de hablar de Girls hoy aquí, y ya veis que he terminado hablar de casi todo menos de ella. Eso sí, no digáis que no os lo avisé.

2 comments

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s