Review MdT 3×03: Tiempo de Hechizos

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Continuamos adentrándonos en la tercera temporada de El Ministerio del Tiempo. Temporada que, por cierto, no está recibiendo las críticas más favorables que podía encontrar la serie… pero que, sin embargo, no ha perdido calidad desde mi punto de vista. Llegamos, por tanto, a “Tiempo de Hechizos”, episodio que venía marcado por las altas expectativas de presentarnos a uno de los más grandes autores de nuestra literatura: Gustavo Adolfo Bécquer. Y así es como lo hemos visto:
El punto de partida del episodio, como suele ser habitual en esta serie, nace de la detección de una alteración en la línea histórica que no cuadra: en este caso, la aparición de la décima carta de Bécquer. Como bien es sabido, “Cartas desde mi celda”, una de las obras más reconocidas del autor sevillano, está conformada únicamente por nueve misivas. La cosa, además, va más lejos: la carta en cuestión tiene como protagonista a Mencía, una misteriosa mujer que atrapa la atención del autor… y del Ministerio, al detectarse que la susodicha aparece en grabados de tres épocas muy diferentes: los siglos XVI, XVII y XIX.

Por ese motivo la patrulla viaja hasta 1864, año en el que Bécquer se encuentra en el Real Monasterio de Santa María de Veruela, lugar hasta el que viajó, en la realidad, un par de años antes, para intentar recuperarse de sus problemas de salud gracias a los poderes curativos, según se creía, de las aguas del Moncayo.

Sirve esta trama como excusa para adentrarnos en una de las etapas más atractivas de la historia del arte y la literatura –tanto en España como en el resto de Europa-. Hablamos, claro está, del Romanticismo. Y es aquí donde “El Ministerio” (la serie) realiza su mejor aportación: la de aclarar el verdadero concepto del Romanticismo, que tan poco tiene que ver con la idea que habitualmente tenemos de él.

Y es que, en la actualidad, cuando hablamos de romanticismo lo habitual es que los relacionemos con nuestro concepto moderno de amor romántico. Ese que, como se menciona en el episodio, es el que aparece habitualmente en las “comedias románticas” que Hollywood se ha encargado de popularizar y explotar al máximo. Pero, en realidad, como bien explica Amelia, el verdadero origen del término poco tiene que ver con esta concepción: es mucho más oscuro, relacionado con el poder de lo subjetivo, del “yo”, y dirige su mirada con especial atención a la naturaleza y a todo aquello que escapa a la comprensión del ser humano. Dicho de un modo mucho más simplista: si cuando pensamos en Bécquer generalmente lo relacionamos con sus Rimas, sería mucho más apropiado hacerlo con sus Leyendas.

Bécquer

La aparición de Bécquer en el episodio (un Tamar Novas muy bien caracterizado pero a cuya interpretación, desde mi punto de vista, le ha faltado personalidad), por tanto, no tiene como fin el mostrarnos aspectos biográficos (aunque se muestren algunos), sino adentrarnos más en su concepción de la realidad y en todo aquello que obsesionó al autor precisamente porque escapaba a su comprensión.

En este sentido, el Monasterio de Veruela se presenta como un enclave excepcional, al situarse muy cerca de Trasmoz, el único pueblo excomulgado y maldito de España. Así que, recopilando un poco, unimos al que posiblemente sea nuestro mejor autor Romántico y un pueblo lleno de brujas y aquelarres… y tenemos una fórmula perfecta.

Como suele ser habitual en El Ministerio, no todo es lo que parece: Mencía, la viajera en el tiempo que se nos aparecía como “la mala” de la historia no es sino una víctima de la ignorancia y el miedo a lo desconocido, que lleva a la gente a inventar explicaciones para todo aquello que no comprende. Y, así, la acusada de brujería se convierte precisamente en la perseguida por todo aquello de lo que se le culpa.

La manera en la que se hila la trama de este episodio nos sirve para un doble propósito: el de dar una versión posible a uno de los datos sin aclarar de la biografía de Bécquer (se cree que su tercer hijo, Emilio Eusebio, no era hijo natural, sino fruto de una relación extramatrimonial de su esposa Casta) y reivindicar la figura de Pacino, que en este caso toma relevancia debido a que los otros dos integrantes de la patrulla, Amelia y Alonso, se encuentran “embrujados” por culpa de la ingesta de agua contaminada con mandrágora. Vemos, pues, cómo Pacino se vuelve un personaje cada vez más fuerte (tanto el episodio dedicado a Hitchcock como este se han centrado mucho en él) que empieza a demostrar que debajo de su aspecto chulesco y su actitud pasota se esconden grandes valores morales. Y, ¿por qué no decirlo?, el tipo tiene su gracia: ha sido grandioso ver al propio Bécquer ojiplático escuchando cómo Pacino se adueñaba de la trama de Titanic como si fuera una vivencia propia.

Pacino
Como comentábamos antes, la resolución del episodio responde a una explicación muy lógica dentro de la trama: Mencía viaja a tres épocas separadas exactamente por 177 años gracias a que descubre por casualidad unas puertas muy cercanas al propio pueblo de Trasmoz. El motivo por el que lo hace es siempre el mismo: tratar de huir de las acusaciones de brujería. Pero, por desgracia, sin importar a qué época viaje, siempre termina topándose con el mismo destino, dándose de bruces con la incomprensión y la ignorancia que nos lleva a odiar todo aquello que no comprendemos. Y, para su desgracia, y viéndose incapaz de escapar de un sino que se repite época tras época, Mencía (por cierto, una Miryam Gallego muy conocida en TVE por su Lucrecia en “Águila Roja”) termina suicidándose.

Por otra parte, dicha resolución no se podría haber llevado a cabo de no ser por las excelentes deducciones de la joven Lola Mendieta, que se ha convertido en la pupila de Irene (muy a su pesar y para disgusto también de Angustias). Como ya comentamos la semana pasada, es un placer poder conocer más a fondo al personaje de Lola, que apunta maneras y se va a convertir, sin duda, en una excelente trabajadora del Ministerio. Eso sí, no lo va a tener nada fácil con Irene, que no las tiene todas consigo y, aunque reconoce sus virtudes, se ha propuesto no dejar que las cosas le resulten sencillas. Aun así, toda la audiencia coincidió en que se pudo observar una gran sintonía entre los dos personajes, que en el fondo no son tan diferentes como les gustaría reconocer. Estoy segura de que estas mujeres nos darán grandes escenas juntas en el futuro.

Hasta aquí la revisión de “Tiempo de Hechizos”, un episodio que ha dividido bastante la opinión de la audiencia. ¿Ocurrirá lo mismo con “Tiempo de Ilustrados”, el episodio que se emite esta noche? Lo comentaremos en los próximos días…

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