Review MdT 3×05: Tiempo de esplendor

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Seguimos viajando por la Historia de España gracias a El Ministerio del Tiempo. Y lo hacemos para volver a una época que no nos es desconocida en la serie, pero que no por ello resulta menos atractiva. Nos referimos, claro está, al Siglo de Oro. En este episodio la patrulla ha viajado a 1605, un año que cualquier amante de la literatura tendría entre sus favoritos si tuviera que elegir una puerta por la que viajar al pasado. Sin ninguna duda: Lope de Vega, Cervantes y Shakespeare… ¿podemos imaginar una combinación más perfecta? Creo que resulta difícil. Pero, a pesar de ello –y como no podía ser de otra manera- las cosas no han sido precisamente de color de rosa para los nuestros…

Antes de comenzar a comentar el episodio per se, me gustaría señalar algo que me ha llamado mucho la atención esta semana: cómo algunas voces han criticado a esta serie por ser machista. Es algo que realmente no comprendo (pienso que pocas series tienen personajes femeninos tan fuertes como Amelia, Lola o Irene), pero que he tenido en cuenta a la hora de revisionar este episodio. Así que, junto a mis comentarios, esta vez he añadido algunas marcas entre corchetes que, en mi opinión, demuestran qué equivocadas están esas críticas. Perdón por la licencia.

Pero volvamos al episodio: utilizando una estructura encuadrada, el inicio de “Tiempo de esplendor” nos ha demostrado que, pese a lo maravillosa que nos puede parecer la vida de nuestros agentes, tan llena de aventuras y emociones, su camino no es el más sencillo: tanto Alonso como Amelia encuentran muchas dificultades a la hora de llevar adelante su doble vida. El primero no termina de adaptarse al siglo XXI, una época en la que la mujer decide por sí misma y en la que el hombre no es el que tiene la última palabra [Prueba antimachista número 1]. Por mucho que Elena intente explicárselo, Alonso encuentra verdaderas dificultades para entenderlo… y da la impresión de que le va a costar la relación con la mujer a la que ama de verdad.

Amelia, por su parte, tampoco lo tiene nada fácil: su madre empieza a presionarla con el tema de la búsqueda de un buen marido y la construcción de una familia. Apartándose de las convenciones de su época, Amelia siempre ha buscado algo más que el rol de madre y esposa que le venía impuesto por su época. Y, habiendo conocido un mundo más moderno, ese espíritu avanzado ha encontrado una época con la que encaja mucho más. Pero no puede cambiar su contexto, y es su propia madre la que se encarga de recordarle que, como mujer, no puede dedicar su vida a sus pasiones sino a sus obligaciones. Algo que, por supuesto, no cuadra para nada con nuestro personaje, pero que no por ello lo hace más fácil. Y el ejemplo de Fernán Caballero, obligada a escribir bajo pseudónimo y fuera de las convenciones que se esperaban de ella no puede ser más idóneo. ¡Qué necesario resulta que se llame la atención sobre este tema, todavía hoy! [Efectivamente: prueba número 2].

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Viajemos ahora al momento de la misión, el maravilloso 1605. Nos vamos a Valladolid, ciudad que, por deseo del Duque de Lerma –para poder especular con unos terrenos que poseía en la región, como bien se explica en el episodio- se convierte temporalmente en la capital del reinado de Felipe III. Ciudad, además, que sería testigo de un momento de gran importancia: la firma del tratado de paz entre España e Inglaterra por el cual España se comprometía a dejar en paz a los protestantes y a abrir a los ingleses el comercio con las indias si estos controlaban a sus piratas. Pero la firma se ve amenazada por el intento frustrado de asesinato del enviado inglés: y aquí es donde entra en juego nuestra patrulla.

Como ya hemos comentado antes, si hay algo que haga de esta época algo realmente atractivo (al menos desde mi perspectiva) es la cantidad de genios de la literatura que concibió: Quevedo, Góngora, Tirso de Molina, Calderón de la Barca… y, por supuesto, Lope de Vega y Cervantes, dos conocidos de nuestros protagonistas.

Si echamos la vista atrás, recordaremos que a Lope ya lo hemos podido ver en dos etapas muy diferentes de su vida como fueron su juventud (en el episodio 2, “Tiempo de gloria”) y su madurez (en el 11, “Tiempo de hidalgos”). El actor que lo encarna, Víctor Clavijo, además de dar una lección sublime de interpretación –¿no compraríais una serie que sólo fuera un spin-off de Lope?-, nos conquistó con los matices que dio al personaje y que tan bien marcaron la evolución del poeta. A Cervantes, por su parte, también lo conocimos en el episodio 11, si bien su personaje se nos mostró mucho más comedido, menos pagado de sí mismo, y más temeroso ante el fracaso. Tanto es así que la patrulla tuvo que animarle a reescribir su Quijote en ese episodio homenaje al Van Gogh de Doctor Who que nos hizo soltar alguna que otra lagrimilla.

Ahora, un año después (recordemos que el episodio 11 se situaba en 1604) las cosas han cambiado un poco: ambos autores se encuentran en la cúspide de sus carreras, y en lugar de admirar al otro, no ven en él sino un rival. Y en esta pugna parece ser Lope el que lleva las de ganar: Cervantes, cronista oficial de la corona, envidia al poeta al ver cómo una de sus obras se representará frente a la comitiva inglesa y, además, tendrá la posibilidad de conocer a William Shakespeare, que viaja con sus paisanos.

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Este viaje a 1605 nos permite, además, conocer otra de las grandes enemistades de la historia de España: la del Duque de Lerma y Margarita de Austria, la esposa de Felipe III. Conocer a Margarita ha sido otro de los aspectos más placenteros del episodio: de nuevo se nos ha presentado a otra mujer con mucha personalidad, que rompió con lo que se esperaba de ella por tal de cumplir con sus ideales. Una mujer capaz de influir en su marido y de ser considerada una gran política y estratega. [Lo sé, por tercera vez… ¡cuánto machismo hay en esta serie!]

Pero Margarita encontró en Lerma un rival a su altura, al que en esta ocasión hemos visto interpretado por Fernando Guillén Cuervo, el hermano de Cayetana, nuestra Irene. Lástima que la funcionaria no haya visitado el Siglo de Oro, porque habría sido grandioso ver a los hermanos compartiendo escena.

Y es que en esta ocasión Irene y Ernesto se han ocupado de viajar a 1982, tratando de encontrar alguna pista que arroje algo de luz sobre Marta, la exnovia de Pacino, y que les dé más información acerca del Ángel Exterminador, que también estaba detrás del intento de asesinato del enviado inglés de 1605.

Poco más sabemos por ahora de Marta, aunque ya hemos podido averiguar una fecha que parece ser relevante para ella: 1821. Imagino que dentro de pocos episodios empezaremos a descubrir más información sobre este misterioso personaje. Lo cierto es que poco hemos sacado en claro de la visita a los años ochenta… excepto que, sea la época que sea, Irene es capaz de atraer a cualquier mujer que se ponga en su camino con una simple mirada sugerente. [Pero sí, la serie es muy machista…]

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El caso es que, resuelta la misión inicial con cierta facilidad –y finiquitado el misterioso personaje del walkman al que conocimos en “Con el tiempo en los talones”-, la patrulla sólo tiene que permanecer en 1605 para asegurarse de que la firma del tratado se lleva a cabo tal y como se esperaba. Y a punto están de destrozarlo todo…

Pacino y Alonso, tras unas cervezas de más, proponen una timba con los ingleses en la que participa hasta el propio Felipe III. Y Alonso, herido en su orgullo por haber perdido ya contra los británicos en una competición de caza, no duda en acusar a uno de los ingleses cuando descubre que está haciendo trampas con las cartas. Tal es el revuelo que se monta que el monarca, aconsejado por un Duque de Lerma que duda de la honradez de los ingleses, decide revocar la firma del tratado.

Por suerte para la misión (y para la historia), será Amelia, una vez más, la que consiga solucionarlo todo, animando a Margarita a que convenza a su marido, haciéndole ver que, de no firmar la paz, su hijo heredará un reino en ruinas. [De nuevo las mujeres salvan la situación… como corresponde a una serie machista.]

Pero no queda ahí todo: Amelia aún tiene que mediar en la enemistad entre Lope y Cervantes. Enfadada con el primero por no atreverse a representar “La Ratonera” delante de Lerma, consigue que Cervantes conozca a Shakespeare (no sin antes darle la idea de la trama de “Macbeth”, basada en el propio Duque de Lerma). Este encuentro, sobre el que muchas veces se ha teorizado –prueba de ello es la cinta de 2007 Miguel y William– pero que nunca ha llegado a comprobarse, enfurece a Lope hasta el punto de retar a su contrincante a una mediocre versión de un duelo, candelabro en mano.

Es aquí, de nuevo, donde Amelia tiene que poner el punto de cordura que le hace falta a la situación, mostrando a los dos genios lo afortunados que son de poder dedicarse a explotar su talento sin tener que pensar en nada más, algo imposible para una mujer como ella. De nuevo, El Ministerio rompe una lanza a favor de las mujeres y en contra de la injusta desigualdad que ha existido durante toda nuestra historia. [Pero a pesar de ello es machista, ¿verdad?]

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Como siempre ocurre con esta serie, son muchísimos los detalles que se quedan atrás a la hora de comentar los episodios: la aparición de los mensajes de texto en la pantalla al más puro estilo Sherlock, el gran Velázquez de nuevo haciendo retratos robot, la presentación de Francisco Martínez Motiño como el visionario de MasterChef y cía… y, por supuesto, la gran sorpresa de ver a la joven Lola Mendieta huyendo tras una de las puertas con obras de arte robadas bajo el brazo. ¿Tan rápido se ha convertido en una ladrona, o hay una intención oculta que aún desconocemos? Sin duda lo descubriremos pronto.

En cualquier caso, toca volver a la realidad. Y, tal y como les ha pasado a Alonso y a Amelia, no siempre puede resultarnos fácil: el sevillano regresa a un piso vacío en el que el único rastro de Elena que queda es, como diría Sabina, su voz tiritando en la cinta del contestador. Amelia, por su parte, empieza a tener miedo de ese futuro incierto que vislumbra en soledad. Y es que, en la foto en la que antes aparecía con Julián y su hijo ahora sólo está ella…

Por suerte, ya queda muy poco para el próximo episodio. Por desgracia, será el último antes del parón de verano. Eso sí, si el episodio va a hacernos disfrutar tanto como este, sin duda la espera habrá merecido la pena. ¡Nos leemos en el próximo post!

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