Review MdT 3×06: Tiempo de esclavos

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Parece que fue ayer cuando empezamos con la última temporada de El Ministerio del Tiempo, y ya nos ha abandonado… al menos temporalmente (concepto que, hablando de esta serie, siempre es relativo). Siguiendo una práctica habitual en la televisión norteamericana –aunque no sea precisamente la favorita del público-, la serie realiza un parón en medio de su temporada, dejándonos a la espera de su regreso en una fecha todavía por determinar. Eso sí, si normalmente una serie nos deja huérfanos cuando se despide –aunque no sea de manera definitiva-, esta vez no sólo ha sido así, sino que además “Tiempo de esclavos” nos ha dejado el corazón roto…


La trama principal de este episodio nos ha llevado a 1881, en pleno gobierno de Sagasta, cuando el rey Alfonso XII sufre en Comillas un atentado completamente inesperado y que podría alterar la historia para siempre: en esa fecha el monarca aún no ha concebido a su hijo, Alfonso XIII, con lo que la línea de sucesión monárquica de nuestro país se vería modificada para siempre.

Nuestra patrulla, pues, es enviada a Comillas en los instantes posteriores al atentado con un doble propósito: hacer lo posible por salvar la vida del rey e investigar quién puede andar detrás de su planificación. Para lo primero será Alonso el que ayude a un cirujano –un funcionario del Ministerio de la época actual enviado para cuidar del monarca- a intentar salvar la vida del rey. Por su parte, Pacino y Amelia tratarán de investigar los motivos ocultos detrás del atentado.

Lo que en un principio puede parecer una misión cualquiera se ve complicado por un detalle poco habitual hasta ahora: los nuestros viajan a la época de uno de ellos –de Amelia, en concreto-, con lo que son susceptibles de encontrarse con personas conocidas que, obviamente, no pueden imaginar que se encuentran ante viajeros temporales. Pero no sólo eso: como es de esperar, la objetividad de la patrulla puede verse afectada por los vínculos personales. Y, aunque sabemos que Amelia es toda una profesional, como siempre ha demostrado a lo largo de las misiones que ha llevado a cabo, a veces resulta imposible ir en contra de las emociones. Es un tema interesante, sin duda, que si bien se había dejado entrever en otros episodios (al fin y al cabo tanto Julián como Alonso y Pacino ya habían viajado a sus respectivas épocas, con todo lo que ello implica), nunca se había tratado con el punto de vista que hemos visto aquí.

Aunque es cierto que hasta ahora ya habíamos conocido algunos aspectos de la vida de Amelia en su época, lo poco que habíamos visto de su familia siempre nos había mostrado una distancia muy grande entre ella y los suyos, debida principalmente a diferencias en la mentalidad. Y hoy, por fin hemos descubierto el origen de su manera de pensar: su tío Pere, el único que vio el potencial de la chica y la capacidad intelectual que podría llegar a desarrollar. No cabe duda, pues de que su tío es un pilar esencial en su vida, y por tanto las decisiones que Amelia tendrá que tomar en esta misión se verán afectadas por él.

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Pero antes de entrar en ese terreno conviene comentar cómo se desarrollan los hechos “históricos”: a pesar de los esfuerzos de Alonso y el cirujano –operación asistida por videoconferencia incluida-, Alfonso XII termina en estado de muerte cerebral por culpa del atentado. Y, tras varias investigaciones, por fin damos con su causa: el asesino era un trabajador de la casa del Marqués de Comillas que acababa de descubrir que su señor –antiguo esclavista- lo separó de su madre y lo engañó durante toda su vida, diciéndole que era huérfano. El monarca, por tanto, no es sino un daño colateral derivado de las ansias de venganza y la mala puntería del criado, Tomasín.

Siendo imposible recuperar a Alfonso XII de sus heridas, Salvador toma una determinación muy importante, a la par que arriesgada: cambiar el pasado del pasado para evitar las circunstancias que llevaron hasta ese momento. Dicho de otra manera, Pacino y Amelia viajan a 1851 para evitar que Tomasín sea separado de su madre. De este modo, y por primera vez en la serie, se altera un evento en un pasado anterior para poder reescribir otro momento. Algo que es duramente criticado por Irene y Ernesto, que dudan de la capacidad de decisión de Salvador y que, por un momento, nos hacen creen que existe la posibilidad de que se rebelen frente a su superior.

Lo cierto es que, a pesar de las dudas, la estrategia funciona muy bien, evitando que Alfonso XII sea disparado. Pero, justo antes de que el cambio sea efectivo, Alonso –que está cuidando del moribundo rey- es atacado por un grupo de personas que intentar acabar lo que el disparo de Tomasín no logró por completo. De modo que, a pesar de los esfuerzos de la patrulla, el problema sigue abierto: alguien intenta matar a Alfonso XII.

Esto significa, pues, que, pese al “reinicio” que han activado los nuestros, aún tenemos a alguien que quiere acabar con el rey… y necesita ser investigado. Por suerte (para todos menos para Amelia), esta vez el misterio no dura mucho: pronto descubrimos que el cabecilla del complot no es otro que Pere Folch, que encabeza a los Nuevos Hijos de Padilla, una sociedad que pretende acabar con las grandes injusticias de la Historia, claramente basada en los Hijos de Padilla (o Sociedad de los Caballeros Comuneros). Una vez más podemos ver cómo se repite un tema de gran relevancia en la temporada: el de las sociedades secretas de la Historia de España, algo que sin duda será de gran importancia en la segunda mitad de la temporada.

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Una vez descubierto el pastel, y pese a que Pere intenta dar una oportunidad a Amelia para unirse a él, la negativa de la funcionaria no lo hace dudar en absoluto: los que no están con él están en su contra, y su sobrina debe morir junto a sus compañeros. Por suerte para los nuestros, Salvador ya había previsto que algo así podría ocurrir, y había conseguido infiltrar a una joven agente en las filas enemigas: nada menos que a Lola Mendieta, a la que todos –especialmente Irene- habíamos tachado de traidora. Demostrando (por ahora) que todo el mundo merece una segunda oportunidad, Lola se ha comportado como una verdadera heroína, arriesgando su credibilidad frente a sus compañeros y, por supuesto, su vida.

Como cabría esperar, las cosas no quedan ahí: en un intento de magnicidio a lo Guy Fawkes, Pere Folch y los suyos pretenden hacer estallar una bomba en plena reunión del consejo de ministros, algo que de nuevo los nuestros consiguen evitar gracias a los medios técnicos del Ministerio, en una escena no exenta de tensión en la que –como no podía ser de otro modo- Alonso consigue detener la explosión apurando hasta los últimos segundos.

Como siempre, el episodio está tan cargado de referencias y detalles que resulta imposible comentarlos todos con la profundidad que merecen: por ejemplo, hemos conocido a Eusebi Güell, hemos descubierto cómo gracias a Irene nuestra Amelia puede tener una tapadera que justifique sus prolongadas ausencias en casa, y de nuevo Pacino ha demostrado su gran corazón haciendo que el Marqués de Comillas, en un gesto irónico, cuide de Tomasín y su madre. Estos y otros detalles, que engrandecen la serie y hacen que cada plano y cada minuto sea relevante, no pueden ser tratados aquí con la profundidad que merecerían para evitar abusar del espacio.

Sin embargo, sí hay un momento en el que nos gustaría detenernos: la intensa conversación entre Salvador y Pere Folch, en la que el tío de Amelia explica cómo su misión es la de evitar que ocurran las grandes injusticias de la Historia, que tanto daño han hecho a la humanidad. Salvador, por su parte, no puede sino defender la postura oficial del Ministerio: los hechos son los que son, y pese a que a veces pueden no gustarnos, es necesario preservarlos para poder aprender de ellos y llegar al punto en el que estamos.

Se puede observar, pues, que no nos encontramos ante unos personajes que puedan ser fácilmente etiquetados como “buenos” o “malos”. Más bien, cada una de las perspectivas resulta legítima desde su punto de vista, y lo cierto es que ambas pretenden, en el fondo, hacer el mayor bien posible. Y, sin embargo, las dos posturas terminan desembocando en más tristezas que alegrías…

Imagino que todos nos hemos estremecido al final de esa conversación, en la que Pere le pregunta a Salvador si le ha explicado a Amelia lo que va a pasar como resultado de su encarcelación (y, consecuentemente, de haber alterado la historia de los Folch). Y, en un momento de gran tensión, la respuesta de Salvador nos ha puesto en alerta: “¿Lo que pasará? ¡Lo que ha pasado, imbécil!”.

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Llegamos así al culmen del episodio, un momento que seguramente todos habríamos preferido no presenciar: Salvador se reúne con Amelia para explicarle que los cambios que han realizado han afectado terriblemente a su familia. Así, no sólo ha perdido a su tío, que permanecerá encarcelado el resto de su existencia, sino que cuando regrese a casa encontrará un panorama desolador en el que todas sus propiedades estén a punto de perderse y su padre lleve dos años muerto.

Resulta imposible imaginar el dolor de Amelia en este episodio. No sólo ha perdido a su mentor, sino que, además de perder a su padre, pierde la posibilidad de despedirse de él como merece.

Así las cosas, Amelia tiene que tomar la que posiblemente sea la decisión más difícil de su vida: su familia o el Ministerio. Y, como debe ser, elige lo primero, dispuesta a sacar adelante un legado que ha quedado en sus manos –aunque con una pequeña ayuda de Salvador-.

Cualquiera que haya visto el episodio sabe de sobra lo doloroso que ha sido ese final, en el que hemos sido conscientes de que hemos perdido al personaje de Amelia (si todo va bien, de manera temporal). Imaginamos que Lola Mendieta será su reemplazo, y sabemos que lo hará bien. Pero va a ser imposible llenar el vacío que nos deja la valiente Amelia Folch, uno de los personajes femeninos mejor construidos de la ficción de nuestro país y, por ende, de la serie. Posiblemente, mi personaje favorito.

Ojalá El Ministerio del Tiempo reciba el tratamiento que merece. Eso implicará su renovación y, con toda probabilidad, el regreso de Amelia. Si perder a Julián ya fue duro, perder a otro de los integrantes del trío inicial ha sido un mazazo del que nos costará recuperarnos. En cierto modo, es una suerte que el parón de verano haya venido justo ahora, pues será el tiempo el que nos ayude superar la pérdida de la capitana de la patrulla.

Si, en el peor de los casos, hemos presenciado ya los últimos minutos de Amelia en la serie, sólo podemos decir que ha sido un placer poder disfrutar de un personaje tan bien construido e interpretado como el suyo, además de un orgullo como personaje femenino y fuente de inspiración. Y, por suerte, ha tenido la despedida que merecía, a la altura de la propia Amelia, con una actuación no menos magistral de Aura Garrido. Cuánto la(s) vamos a echar de menos…

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Como muchos ya sabréis a estas alturas, el hecho de que hayamos dicho adiós a Amelia no se ha debido a decisiones internas, sino a motivos externos a la serie: la tardía fecha de renovación hizo que, para cuando se anunciaran las fechas de grabación algunos de los actores ya hubieran adquirido otros compromisos importantes. Y eso es lo que ha ocurrido con Aura Garrido, como ella misma bien explica en una emotiva carta de despedida publicada en la web de RTVE. Sinceramente, ojalá hubiera sido de otro modo. Pero las cosas son como son, y vamos a tener que acostumbrarnos a esta serie sin nuestra Amelia.

Ojalá, como dijo Alonso en el episodio, no estemos ante una despedida, sino hasta un “hasta pronto”. Lo cierto es que, por ahora, los seguidores de El Ministerio nos hemos quedado más huérfanos que nunca: hemos perdido a Amelia y hemos perdido a nuestra serie durante un verano que, en términos televisivos, se va a hacer muy largo… Pero estamos seguros de que la espera merecerá la pena. Nos leemos a la vuelta de este parón, esperemos que lo antes posible. ¡Honor y reputación!

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