Review Game of Thrones 7×01: Dragonstone

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El verano nunca ha sido un buen momento para las series: la gente rompe con su rutina habitual, se va de vacaciones, o simplemente aprovecha para salir más a la calle. Por eso, tradicionalmente, las cadenas de televisión nunca han hecho sus grandes apuestas en estas fechas: había que esperar a septiembre-octubre (o casi hasta marzo, si hablamos de la midseason) para poder ver a los pesos pesados de las cadenas en pantalla. Pero, como bien sabemos, las cosas están cambiando: los hábitos de consumo poco tienen que ver con lo habitual hace unos años, y el panorama futuro se vislumbra aún más distinto. Y, si hay una serie capaz de salvar los inconvenientes que, a priori, se pueden desprender de este cambio de fechas, sin duda esa es Game of Thrones, el último gran fenómeno televisivo. ¿Qué, si no, iba a ser capaz de que, entre ola de calor y ola de calor no dejemos de repetir como un mantra eso de “Winter is Coming”?
Sí, de acuerdo: la echábamos de menos. Tanto que, a veces, eso se puede convertir en un inconveniente. Y es las expectativas no siempre son fáciles de cumplir. Es cierto que han ocurrido muchas cosas en el episodio, y eso no se puede reprochar –hay quien dice que han pasado más cosas que en media temporada anterior-. Pero, ¿nos hemos vuelto demasiado exigentes? ¿O, quizás, esperamos que cada episodio avance más en una temporada que –no lo olvidemos- sólo va a tener 7 capítulos? Lo cierto es que, como se suele decir, Dragonstone nos ha dejado las cartas bien colocadas sobre la mesa… y a estas alturas ya estamos deseando jugar.

Probablemente los mejores momentos los hayamos encontrado justo al principio y al final del episodio. Y es que ese comienzo no ha podido ser más espectacular: si hay una casa de Poniente a la que odiemos de verdad, esa es sin duda la de los Frey, que sólo han aparecido en la serie para demostrar su bajeza y su mala calaña. Sí, a todos nos dolió muchísimo la Boda Roja.

El caso es que el episodio comienza con lo que, aparentemente, es un flashback de una cena organizada por el ya fallecido Walder Frey, en la que ha reunido a todos los miembros más relevantes de su familia. Sin embargo, los gestos y las miradas de Walder pronto nos ponen en guardia: hay gato encerrado en una escena en la que el viejo Frey invita a todos sus comensales a brindar con su mejor vino, pero se niega a mojar sus labios. Y, efectivamente, sus palabras pronto nos vienen a confirmar lo que en nuestra mente ya era algo obvio: estamos contemplando el fin de la casa Frey. Así que, mientras todos los traidores van cayendo envenenados, de uno en uno, no podemos sino aplaudir ante las palabras de –ahora sí- Arya: “Leave one wolf alive and the sheep are never safe” (“Dejad vivo a un lobo y las ovejas nunca estarán a salvo”). Dejaron a una Stark con vida y sólo ahora, en sus últimos momentos, han comprendido la magnitud de su error. Genial inicio de episodio.

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Es difícil llevar la cuenta del número de víctimas que tiene Arya en su haber particular. Pero si algo que está claro es que no está dispuesta a detenerse hasta tachar todos los nombres de esa lista que repetía noche tras noche cuando parecía que todas sus posibilidades se habían agotado. Aunque siempre hemos sabido que la pequeña Stark no debía ser subestimada, cada vez tenemos más claro que va a ser una pieza esencial hasta el final de la partida. Y ya tenemos claro el nombre de la que pretende que sea su próxima víctima: Cersei.

Lo que para unos cuantos puede parecer motivo de risa para los espectadores se convierte en poco menos que una promesa que tiene todas las de cumplirse: sabemos que Arya no cesará hasta lograr su objetivo, y lo cierto es que sería de justicia poética que fuera ella la que acabara con la Lannister.

Me gustaría detenerme aquí para mencionar el que, sin duda, ha sido el cameo más comentado del episodio: el del cantante Ed Sheeran, al que oímos brevemente entonar “Hands of Gold”. A pesar de que el aluvión de críticas ha sido enorme –hay quien dice que ha sido la causa de que el artista haya cerrado su cuenta de Twitter-, personalmente lo veo injustificada: apenas si pronuncia un par de palabras, y se limita a realizar unos pocos gestos discretos que, desde luego, no merecen el tratamiento recibido.

En cualquier caso, como decíamos, Cersei debería empezar a preocuparse ahora que Arya ha fijado en ella su próximo objetivo. Y no es la única preocupación a la que atender: en su patio (¿cómo no se me ha ocurrido decorar el mío así antes?) dibuja el mapa de lo que antaño fueron los Siete Reinos sobre los que gobernaba, y ahora se presenta más bien como el mapa de sus enemigos, que la rodean por todos lados. Jaime –que siempre fue mucho más coherente que ella- trata de hacer que vea la realidad: tienen que aceptar que han perdido y que, incluso en el poco probable caso de que logren reponerse, no tienen ninguna descendencia a la que legar nada.

Pero Cersei no está dispuesta a rendirse, y ya ha empezado a buscar aliados en las Islas del Hierro. Sinceramente, aunque no hemos tenido ocasión de conocer a fondo a Euron Greyjoy en la serie, lo poco que hemos visto de él resulta más que atractivo: es inteligente, despierto, cruel y atrevido. Un aliado a la altura de Cersei, según parece. Y posiblemente un buen candidato a marido, siempre y cuando traiga un regalo a la altura, según lo prometido. Se abren las apuestas: ¿alguien más ha pensado en un dragón?

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Pero dejemos las tierras más cálidas para volver al frío: Jon, en su nuevo papel de líder, comienza a establecer sus prioridades. Por una parte, encontrar la mayor cantidad posible de dragonglass, la única arma que, hasta el momento, ha demostrado ser eficaz contra los caminantes blancos. Por otra parte, mantener a su lado al mayor número posible de aliados, aunque eso requiera perdonar antiguas traiciones.

La escena, de lo más interesante, nos ha permitido observar algunas dinámicas: por un lado, vemos que los salvajes siguen siendo fieles a Jon, pese a que no estén completamente de acuerdo con él. Por otra parte, también ha sido un placer comprobar que Lyanna Mormont no ha perdido ni un ápice de ese carácter tan fuerte que nos conquistó desde el primer momento. ¡Ay, si esa chiquilla tuviera tres dragones!

Pero, a la vez, la reunión también ha servido para poner de manifiesto las diferencias más que evidentes de opinión que existen entre Jon y Sansa. Si bien Jon siempre me ha parecido un joven coherente y sensato, en este episodio me ha decepcionado mucho el modo en el que ha rechazado las sugerencias de su hermana, aduciendo, simplemente, que es él quien manda. Creo que Sansa es digna de ser escuchada, sobre todo en lo que se refiere a sus advertencias sobre Cersei: ha vivido con ella y sabe de qué es capaz la reina. Esperemos que estas desavenencias se solventen pronto, porque no convienen a nadie… excepto a Meñique, uno de los mejores jugadores del Juego de Tronos, que ya ha detectado que los hermanos no tienen precisamente la misma opinión.

Por lo pronto, la situación parece estar a punto de cambiar: por un lado, Bran ya ha llegado al Muro acompañado de Meera, y parece cuestión de tiempo que se reúnan con sus hermanos. Y, acompañado de eso, viene el tema de las sucesiones: recordemos que Jon es un bastardo y Sansa una mujer, con lo que, según las leyes de Poniente, Bran sería el legítimo heredero.

Por otra parte, Sam, casi sin darse cuenta, ha hecho un descubrimiento que puede cambiar la situación para siempre: Dragonstone posee un gran yacimiento de dragonglass. Algo que, por cierto, ya le había revelado Stannis tiempo atrás… El caso es que lo más probable es que Jon ahora desee dirigirse a la tierra de los dragones. Y va a encontrar que alguien más está ya allí… Aunque hablaremos de eso en un momento.

Antes, creo que merece la pena mencionar las secuencias que nos han mostrado el día a día de la nueva vida de Sam, muy alejada de la idealización que, sin duda, él tenía en su mente. Siete temporadas viendo esta serie, contemplando atrocidades, asesinatos y mugre, y ha tenido que venir Sam a ofrecernos la escena más repulsiva de todas. Y si encima os cuento que me pilló comiendo…

El caso es que ha sido interesante ver cómo se ha integrado en su nueva vida, además de ese homenaje al universo de Harry Potter que, sin duda, muchos hemos advertido. La parte prohibida de la biblioteca, el cameo de Jim Broadbent… por un momento hemos podido volver a Hogwarts.

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Nos aproximamos ya al final de esta review, y aún quedan un par de detalles interesantes por mencionar: uno de ellos, sin duda, ese brazo contaminado de Greyscale que con toda probabilidad pertenece a Jorah Mormont. ¿Será el dragonglass la cura para la enfermedad?

Otro, la escena del Perro y su revelación en el fuego junto al inmortal Beric Dondarrion. Puede que este ser, protegido por el dios de la luz, sea el único capaz de hacer frente a los caminantes blancos, hijos del hielo, que se aproximan inexorablemente. No en vano, recordemos que el título real de esta saga no es otro que el de “Canción de Hielo y Fuego”.

Por supuesto, antes de marcharnos no podemos olvidarnos de la escena final, la que da nombre al episodio y que, sin duda, vuelve a dejarnos en alto de cara al siguiente: hablamos, claro está, de la llegada de Daenerys a Dragonstone, a su casa. Resulta difícil imaginar un enclave más idóneo que el elegido, San Juan de Gaztelugatxe en Bermeo (Vizcaya). Las vistas, la música… en fin, el significado de toda la escena nos ha encogido el corazón, al ver por fin cómo Danny llega al lugar con el que tanto ha soñado.

Por todos lados, esculpidas en piedra, vemos las siluetas de los dragones símbolo de su familia, hasta llegar al trono en el que se sentaron sus antepasados. Un trono en el que, sin embargo, no se detiene: ya habrá tiempo para descansar más adelante. Ahora toca pasar a la acción. Y con ese lapidario “Shall we begin?” (“¿Comenzamos?”) termina este primer episodio con la promesa de, por fin, echar a andar.

04
En resumen, un buen episodio (no lo vamos a negar) que, como decíamos al principio, nos ha convencido gracias a su inicio y a su final, pero que en su parte central se ha dedicado a poner en situación a todas las piezas del tablero. Esperemos que, como parece prometer, a partir de la semana que viene podamos ver cómo todo comienza a rodar. ¡El invierno ya está aquí!

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