Doctor Who: About time!

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Ya era hora, la verdad. O, si lo preferís, About time, como dicen los angloparlantes – lo que claramente resulta una expresión mucho más acertada para hablar de esta serie. Después de más de medio siglo de historia y la friolera de 37 temporadas; tras más de una decena de reencarnaciones, por fin anoche pudimos asistir a la primera encarnación femenina del mítico personaje, algo que la serie, por naturaleza, ya estaba pidiendo a gritos. Y la pregunta, erróneamente formulada por algunos, no debería ser “¿Por qué?”, sino “¿Por qué no antes?

Muchos son los motivos que, argumentalmente, justifican la coherencia de esta decisión, y ya han sido debidamente explicados en cientos de artículos desde el momento en el que la BBC por fin desveló que Thirteenth estaría interpretada por Jodie Whittaker. Realmente, no sólo resulta triste que una decisión así tenga que justificarse, sino que el gran número de críticas que siguieron a este anuncio – cada cual más absurda que la anterior – demostraron que, lejos de lo que a menudo queremos pensar, estamos mucho más atrasados de lo que nos gustaría.

Por supuesto, no hay ninguna incoherencia en el hecho de que Doctor Who sea una mujer –ni siquiera en el nombre, como muchos han aducido, al ser “Doctor” aplicable tanto al masculino como al femenino en inglés-. Sin pretender ahondar en la mitología de la serie, de sobra sabemos que el origen del personaje no es humano, y que sus reencarnaciones implican cambios no sólo de aspecto o edad, sino también de personalidad y mentalidad. Cada versión es, efectivamente, lo más parecido a un nuevo personaje, y nada podría resultar más coherente que la variedad en sus sucesivas reencarnaciones. Estamos –esperemos- sólo ante el primer cambio de los que están por venir.

Obviamente, el concepto original de la serie sí llevaba arraigado un carácter conservador desde esta perspectiva, algo que no nos extraña nada teniendo en cuenta que comenzó a emitirse en 1963. La mujer, en aquellas primeras temporadas, no pasaba de ser un añadido al personaje principal, una companion que, a pesar de todo, no tardó demasiado en introducir personajes femeninos que se salían del estereotipo de añadido ornamental, algo que Sarah Jane Smith (Elisabeth Sladen), representa como nadie. Corría el año 1973 y la serie ya podía presumir de tener un gran personaje femenino e independiente que aún hoy sigue siendo un referente. Por cosas así, Doctor Who siempre se consideró una serie pionera en muchos aspectos. A pesar de ello, no era poco el camino que quedaba por recorrer, y en este sentido, la serie experimentó sus avances y retrocesos hasta llegar al final del séptimo doctor, el último de los “clásicos”, allá por 1989.

classic

Tras algo más de 15 años –obviando aquella breve reaparición en 1996-, el resurgimiento de la serie, con Russell T. Davies como cabeza visible, prometía una adaptación a los nuevos tiempos que cumplió con creces. Lo que para muchos era poco menos que un sacrilegio –el rescate de una serie clásica, casi un símbolo nacional de Reino Unido– pronto se convirtió en un éxito que, si bien tuvo que luchar por su aceptación en la etapa del noveno doctor (Christopher Eccleston), alcanzó plena popularidad con su sucesor, David Tennant, posiblemente el doctor más unánimemente aclamado.

El avance en la mentalidad de la serie también tuvo sus repercusiones en unos personajes femeninos que, por fin, se comportaban de manera mucho más independiente y tomaban sus propias decisiones. Y si Rose Tyler (Billie Piper) ya era un buen ejemplo de ello, Donna Noble (Catherine Tate) y River Song (Alex Kingston) lo llevaron a su mejor versión.

Por desgracia, este paso adelante sufriría un tremendo retroceso en la siguiente etapa, de la mano de Steven Moffat. El guionista, que hasta el momento había logrado firmar algunos de los mejores episodios de toda la serie (siempre que alguien me pide motivos para ver la serie recomiendo ver Blink), demostró que se le daba mucho mejor contar historias aisladas que crear arcos argumentales con consistencia. Y si Eleventh ya lo acusó (pese a un enorme Matt Smith), más aún lo hicieron sus acompañantes femeninos: el vestuario y aspecto de Amy Pond y Clara Oswald dejaba claras las intenciones de la serie –por mucho que me duela decirlo debido al cariño que les cogí y lo más que meritorio de las interpretaciones de Karen Gillan y Jenna Coleman-.

Lo mismo ha ocurrido con el último doctor hasta la fecha: a pesar de contar con uno de los mejores actores que ha conocido la serie, Peter Capaldi, y de introducir en su última etapa a un personaje femenino como Bill Potts (Pearl Mackie), que representaba un paso adelante en la mentalidad alejándose del estereotipo que planeaba sobre la serie e introduciendo abiertamente su homosexualidad, Moffat no ha sabido sacar la serie a flote. Resulta una verdadera lástima, porque la sensación de talento desaprovechado no puede ser más bochornosa.

No sé bien si el desgaste ha venido propiciado en gran medida a raíz de las repetidas declaraciones de Moffat que, en más de una ocasión, sacaban a relucir su recalcitrante machismo y su atrasada mentalidad. O si, simplemente, tampoco se ha esforzado demasiado por maquillarlo dentro de la serie. Pero lo cierto es que la última temporada no ha funcionado en absoluto, y, al margen de temas externos a los episodios per se, los últimos guiones no se han esforzado en absoluto por crear algo que funcionara. Han cubierto el expediente, sin más, y han dejado un sabor de boca bastante amargo, muy por debajo de lo que el potencial de sus actores podría haber logrado.

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Está claro que si la serie quería sobrevivir, necesitaba un cambio. Esperemos que lo logre de la mano de Whittaker. A pesar de no ser la primera Time Lord femenina (The Master ya introdujo la idea con Missy), sí será la primera vez en la que el personaje central estará encarnado por una mujer, y, lejos de lo que utópicamente correspondería a la época en la que vivimos, no han sido pocas las voces críticas que se han alzado en contra de esta decisión. Queda tantísimo camino por recorrer…

Anoche, en el último especial navideño de la serie, pudimos escuchar por primera vez, durante unos segundos, su voz. Y, pese a que aún tendremos que esperar un tiempo para ver a Thirteenth en acción, no puedo evitar ilusionarme al pensar que, superada la etapa Moffat, Doctor Who pueda volver a estar en el lugar que merece. Y, ¿por qué no?, se me escapa una sonrisa al pensar que, en algún sitio, frente a la televisión, alguna niña se sentirá por fin identificada realmente con un personaje tan mágico como este.

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